PRIMER SANTO MEXICANO,
5 DE FEBRERO
Felipe de las Casas Martínez nació en la ciudad de México en 1572, fue el mayor de once hermanos. Felipe era travieso e inquieto de niño, estudió gramática en el colegio de San Pedro y San Pablo de la ciudad de México. Dirigido por los jesuitas mostró interés por la artesanía de la plata, por eso, cuando Felipe fue beatificado, el gremio de los plateros lo nombró su patrón.
A los 21 años se encontraba en las Islas Filipinas, a donde había ido en busca de aventura. Después de unos meses Felipe decidió ingresar a la orden de los Franciscanos y escogió el nombre Felipe de Jesús. Entró al convento de Santa María de los Ángeles de Manila. Un año más tarde, Jesús hizo su profesión religiosa y tres años después debía ordenarse, así que el 12 de julio de 1596 partió rumbo a México en barco, ya que en Filipinas no se podía ordenar porque no había un obispo. La travesía del barco en el que iba Felipe estuvo a punto de ser desastrosa. Durante un mes la nave estuvo a la deriva, hasta que, destrozada y sin gobierno, fue a dar a las costas del Japón. En Japón, no les tenían confianza a los misioneros. Sin embargo Fray Felipe de Jesús se refugió en Meaco, donde los franciscanos tenían escuela y hospital. El 30 de diciembre todos los frailes fueron hechos prisioneros junto con un grupo de cristianos japoneses, les cortaron a todos la oreja izquierda. Luego emprendieron una marcha en pleno invierno, por un mes, de Tokyo a Nagasaki.
El 5 de febrero, Felipe y otros 25 cristianos fueron colgados de cruces sobre una colina en las afueras de Nagasaki. Los fijaron a las cruces con argollas de hierro en el cuello, en las manos y en las piernas. Los atravesaron con lanzas. San Felipe de Jesús murió repitiendo el nombre de Jesús.
Reflexión: “Bienaventurados los que lloran porque ellos serán consolados”.
La muerte de Jesús significó para los seres humanos el perdón de sus pecados y la posibilidad de alcanzar la vida eterna. Este es uno de los misterios que más puede desconcertar al hombre, pues significa dolor y sufrimiento para obtener una felicidad eterna.
Cuando se descubren las gracias obtenidas al aceptar con paciencia la cruz que nos ha tocado cargar, nos damos cuenta de que el dolor es una forma de purificar nuestra alma, ya que el cuerpo es sometido por el espíritu, acercándonos más a Dios. Es una gracia que Dios nos concede para poder llegar a El.
San Felipe de Jesús es un ejemplo de mártir que entregó su vida a Dios, pues su dolor y muerte en la vida terrena le alcanzó la vida eterna. (Para Infojerusalén / Laura / Prediscipulado)
lunes 23 de febrero de 2009
martes 9 de diciembre de 2008
SAN ANTONIO DE PADUA
Nació en Lisboa (Portugal) a finales del siglo XII. Primero formó parte de los canónigos regulares de San Agustín, y poco después de su ordenación sacerdotal ingreso en la orden de los frailes menores, con la intención de dedicarse a propagar la fe cristiana en África. Sin embargo, fue en Francia y en Italia donde ejerció con gran provecho sus dotes de predicador, convirtiendo a muchos herejes. En una ocasión, cuando los herejes de Rímini le impedían al pueblo acudir a sus sermones, San Antonio se fue a la orilla del mar y empezó a gritar: "Oigan la palabra de Dios, Uds. los pececillos del mar, ya que los pecadores de la tierra no la quieren escuchar". A su llamado acudieron miles y miles de peces que sacudían la cabeza en señal de aprobación. Aquel milagro se conoció y conmovió a la ciudad, por lo que los herejes tuvieron que ceder. Una de las ciudades donde residió fue Padua, donde todos le amaban y veneraban y donde, en mayor grado que en cualquier otra parte, tuvo el privilegio de ver los abundantísimos frutos de su ministerio. Porque no solamente escuchaban sus sermones multitudes enormes, sino que éstos obtuvieron una muy amplia y general reforma de conducta. Las ancestrales disputas familiares se arreglaron definitivamente, los prisioneros quedaron en libertad y muchos de los que habían obtenido ganancias ilícitas las restituyeron, a veces en público, dejando títulos y dineros a los pies de San Antonio, para que éste los devolviera a sus legítimos dueños. Se dice que también se enfrentó abiertamente con el violento duque Eccelino para exigirle que dejase en libertad a ciertos ciudadanos de Verona que el duque había encarcelado. A pesar de que no consiguió realizar sus propósitos en favor de los presos, su actitud nos demuestra el respeto y la veneración de que gozaba, ya que se afirma que el duque le escuchó con paciencia y se le permitió partir, sin que nadie le molestara.San Antonio fue el primero que enseñó teología en su orden. Escribió varios sermones llenos de doctrina y de unción. Murió en Padua el año 1231.De los sermones de san Antonio de Padua, presbítero.
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